EL AMOR DE DIOS
- Gracia y Paz

- 2 oct 2025
- 1 Min. de lectura
Angel Cuaya Luna
Como miembro del staff en Heartland, era prácticamente imposible estar solo durante el horario laboral. Todo el tiempo estaba con niños o con mis hermanos en Cristo que también formaban parte del equipo. Pasar tres meses rodeado de una comunidad cristiana me cambió la vida.
Escuchar, ver y comprender tantos puntos de vista sobre distintos temas bíblicos y de la vida diaria me cautivó. Entendí que Dios es un Dios maravilloso, que se revela de muchas formas, y que es personal y único. Pero, entre todo eso, todos llegaban a una sola verdad:
Solo Cristo salva, restaura y fortalece.
Era algo que constantemente se les recordaba a los niños en el campamento donde Dios me permitió servir. Bastaban unos días para que lo entendieran, y cuando lo hacían, era hermoso ver cómo daban gracias a Dios por la vida, no solo por la suya o la de su familia, sino también por la de todos los que los rodeaban.
Eso es algo que hasta hoy sigo considerando una lección valiosa. Comprender que Cristo nos amó tanto, que nos dio el entorno, la comunidad y a nuestros hermanos en la fe con un propósito: para que seamos mejores hijos suyos. Cuando entendemos esta verdad, nos damos cuenta del amor que podemos dar a los demás, y aún más, de cuánto servicio podemos ofrecerles.
Oro para que nuestra iglesia siga siendo esa familia y ese cuerpo de Cristo que Él quiere que seamos.
“Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.” — 1 Juan 4:11






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