DEPENDENCIA DE DIOS
- Gracia y Paz

- 2 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Javier Mani Zecuistl

Marcos 10: 13-16 ¿Quién no recuerda su infancia con humildad e inocencia sin maldad? Que hermoso era cuando nada nos preocupaba. Cuando perdonar nos tomaba solo un par de minutos. Teníamos la confianza de que tendríamos lo necesario para vivir. Dependíamos completamente de nuestros padres. No necesitábamos mucho para ser felices. Bastaba una rueda vieja de bicicleta para recorrer la calle, una escoba para cabalgar, unas canicas sonando en nuestras bolsas, unas sillas y unas cobijas para construir un castillo y una botella aplastada de plástico para salir por el mandado. ¿En qué momento cambio todo? Cuando empezamos a sentirnos autosuficientes. Dejamos de depender de nuestros padres y nos aislamos. Por esa razón, Jesucristo nos dice que debemos tener las cualidades de un niño. Ellos son conscientes de que dependen de sus padres. Reconocen que no obtienen las cosas por mérito propio, sino que son los padres los que les dan lo que necesitan. “¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos?” (Mateo 7:11). Como cristianos debemos ser conscientes de nuestra dependencia de Él. Todo lo que poseemos es porque Él nos lo quiere dar. Separados de Dios no existe algo bueno que podamos hacer. Todo lo que nos conviene espiritualmente viene de Él. Nos da a elegir entre alejarnos o depender plenamente de Él y disfrutar el privilegio de ser llamados sus hijos. Debemos tomarnos de su mano para caminar y no tropezar al tomar decisiones. Esperemos con emoción el momento para estar en intimidad con Él. Volvamos a creer en todo lo que nos dice sin cuestionar, obedeciendo alegremente y queriendo ser más como Él. Regresemos a su presencia y escuchémoslo, que sea nuestro primer y único amor. ¡El Padre siempre está ahí esperando a tener un encuentro contigo, para escucharte cuidarte, amarte y guiarte!





Comentarios